13 septiembre 2006

Corcovado.




Un cantinho, um violao
Esse amor, uma cancao
Para fazer feliz ja que se ama

Muita calma para pensar
E ter tempo pra sonhar
Da janela ve-se o Corcovado
O Redentor, que lindo.

Quero a vida sempre assim
Com voce perto de mim
Ate o apagar da velha chama

E eu, que era triste
Descrente desse mundo
Ao encontrar voce eu conheci
O que e a felicidade, meu amor.

Me siento en mi sillón Rojo,
Disfrutando de música Lounge,
Que me transporta hacia el Brasil,
A mi sueño genial del Corcovado.

Me dejo llevar por una tarde en una hamaca,
Tumbado y más moreno, más que siempre,
Rodeado de esas voces tenues que me silban,
Una de esas hermosas rolas de Joao Gilberto.

El sol luce distinto acá en el sur,
Mi poesía nace libre, emborrachada en color verde y arena,
Y el mar, que contempla mi fantasía,
Me cuenta historias de verano.

La madera y su aroma humedecen mis ganas,
De darle a mi piel un color mas compartido,
Un par de ojos que acechar en la oscuridad que se aproxima,
Mientras las manos buscan el lugar donde crece esta emoción.

Delinearé tus curvas con mi lengua,
Mientras el sabor de tu color, penetra mi alma,
Y tocaré tu cuerpo, primero como algo frágil,
Para después con fuerza buscar llegar al fondo de ti.

Y tu grito sólo aumentará mis ganas,
De volar y de tener mis alas muy abiertas,
Para llevarte allá, donde el éxtasis rompe el cielo,
Y la fusión es indivisible, un hito humano.

Al despertar,
En mi mente el Corcovado,
Me hace sonreír…

Porque hoy yo he volado.

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